
Miguel_Marques November 16th 1978 (Age 31) Male Madrid
Escritos de Miguel Marqués
(Sevilla, 1978)
Nazco en Sevilla, crezco en Almería, estudio en Granada. Vivo y trabajo en Londres, EEUU, República Dominicana y Bruselas. Hoy día sufro y gozo Madrid fifty-fifty. Escribo sobrio o ebrio, normalmente como respuesta a impulsos, tan poco frecuentes como difíciles de obviar. No soy poeta ni ná, y me gustan Sabina, las chirimoyas, el vino de Montilla y las doradas de Huelva. Espero que disfrutes más leyendo mis escritos que yo escribiéndolos. Puedes mandarme tus comentarios, felicitaciones, insultos o alaridos de pasión en la sección Contact Me.

VÍSITALOS:
Bitácora Erótica de la Seda en mi Espalda La Estrategia de Malverde Fragmentos: Cosas que me pasan y he decidido tirarlas al aire Guarda tu Amor Humano Lapo Mental 102 El Rumor de sus Pulgares El Blog de Paco ...and your Nose is Bleeding
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13.9.06
Lara brava, ¿qué diadema de algas?
¿Cuál belleza de éter te abotonó la espalda
de besos constelados y lunares?
De oscura lucidez de patio y barra,
de triples vidas, viudas cardinales,
caballitos de mar, pura y sangre,
de hombres, hambres, hostias, bares,
¡comulga!, faros.
Pez o palangre.
Lara es tanta Lara, y tanta musa,
de doscientos gatos locos, o trescientos;
riñen como pocos y la acusan
entre éxtasis y ojillos macilentos.
Lara y risas son secuaces,
consecuentes líneas de entre dedos
(espídicas tórridas púdicas grávidas):
haces otro mito y lo deshaces.
Lara está en la caja, malaquita,
hundida de estas olas que la embaten.
Sabe tantas cosas: si las grita,
crujen con amor mis disparates.
Dame el olor exacto de lo humano;
te cambio por lo fácil los horarios,
te vendo mis asombros (precio extraño); todo lo es más todo de tu mano.
Posted at 20:44 by Miguel_Marques
Philip Larkin (Coventry, Gran Bretaña 1922 - Hull 1985)
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High Windows (1967)
When I see a couple of kids And guess he's fucking her and she's Taking pills or wearing a diaphragm, I know this is paradise
Everyone old has dreamed of all their lives-- Bonds and gestures pushed to one side Like an outdated combine harvester, And everyone young going down the long slide
To happiness, endlessly. I wonder if Anyone looked at me, forty years back, And thought, That'll be the life; No God any more, or sweating in the dark
About hell and that, or having to hide What you think of the priest. He And his lot will all go down the long slide Like free bloody birds. And immediately Rather than words comes the thought of high windows: The sun-comprehending glass, And beyond it, the deep blue air, that shows Nothing, and is nowhere, and is endless. |
Ventanas altas (1967)
Cuando veo a un chico y una chica
y sé que él se la folla y que ella
toma la píldora o usa diafragma,
sé que esto es el Paraíso
que todos los viejos soñaron vivir.
Responsabilidad y gesto dejados de lado
como una máquina de labranza vieja,
y todos, jóvenes, resbalando por el largo tobogán
a la felicidad, sin fin; me pregunto si
alguien me miraría hace cuarenta años
pensando: "Eso será la vida;
no más Dios ni sudar en la oscuridad
temiendo el infierno y así, o tener
que callar lo que piensas del cura. Él, y con él
su gente, bajarán por el largo tobogán
como putos pájaros en libertad". E inmediatamente,
más que palabras, nace la idea de unas ventanas altas:
el vidrio capaz de contener todo el sol,
y más allá, el aire azul profundo,
que no muestra nada, y no está en ningún lugar y es infinito. |
Posted at 20:33 by Miguel_Marques
Siempre fumo de la calle y Madrid lleva agua en las venas los domingos.
Yo sin embargo corro, vagueo y orillo, sorteando márgenes luminosos y vacíos e invernales que rodean a coches que contienen a zorros muertos que contienen a viejas que no contienen nada,
y tú niña de auriculares por ojos sentada al sol en el suelo en cualquier glorieta no pensada al efecto,
me hablas de todo en un segundo porque sí, comentó meditabundo al masticar su naranja
el hombre de barba y suciedad. Yo lo oí y avancé entre esas brechas de aire y edificios hacia donde nadie mi destino. |
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Posted at 20:03 by Miguel_Marques
16.7.06
El día que conocí a Jérôme Lindon, de Jean-Philippe Toussaint (mi traducción)
EL DÍA QUE CONOCÍ A JÉRÔME LINDON
Jean-Philippe Toussaint
Mi primer contacto con Jérôme Lindon tuvo lugar a través de un telegrama. Recuerdo muy bien el papel pálido y azulado y las impersonales palabras escritas a máquina sobre varias franjas de papel pegadas las unas a las otras. Lo leí ante la chimenea de la casa de Erbalunga y recuerdo que intenté contener mi excitación; ya no sé qué decía el telegrama exactamente, debía de ser un mensaje muy sencillo, en él, Jérôme Lindon me pedía que lo llamara, sin duda, pero recuerdo una calma extraña mientras miraba ese papel entre mis manos, mientras presentía que en él se ocultaba la potencial confirmación de los derroteros que iba a tomar mi vida.
No hablé con Jérôme Lindon hasta el día siguiente, desde la pequeña cabina telefónica del locutorio de Erbalunga. Me acuerdo perfectamente de las primeras palabras de aquella conversación: yo encerrado en la cabina vidriada dentro del locutorio, la cabeza gacha, una mano en el auricular para no perder detalle, y él preguntándome antes de nada si tenía contrato con alguna editorial. No, el manuscrito de La Salle de bain lo han rechazado en todas las editoriales de París a las que lo envié, y estaba aún a la espera de una decisión en Éditions de Minuit, concretamente en la oficina de Alain Robbe-Grillet, quien se encontraba en ese momento impartiendo unos cursos en Estados Unidos. Jérôme Lindon lo había descubierto por casualidad un día mientras se ocupaba de ciertas tareas en el edificio (con una regadera en la mano, quién sabe; como pude comprobar más tarde, podría muy bien haber hecho suya la frase de Beckett, la cito de memoria, es de El Expulsado o de Molloy, "nadie más que yo comprende a los tomates en esta casa".
A partir de ese día y durante todo el mes siguiente (yo había enviado el contrato firmado por correo, pero no nos habíamos visto aún) me llamó a Córcega una o dos veces a la semana, a la casa de campo que habitaban los vecinos debajo de la mía (eran cinco minutos para llegar andando, y otros cinco para regresar). Llegaba, sin aliento y eufórico, y hablábamos de esto y aquello al teléfono, de mis influencias literarias y de mi manuscrito. En esa época, me parecía normal que un editor se interesara tanto en los ínfimos detalles del manuscrito de un desconocido. Incluso me llamó a Bruselas el día de Navidad de 1984, a casa de mis padres, tenía una leve duda sobre qué forma se debía preferir: une sinusite pour lui n'était rien que banal o une sinusite pour lui n'ètait rien que de banal. Ciertamente, podría haberme llamado la noche anterior, Nochebuena, pero prefirió esperar hasta el día siguiente, juzgando sin duda que la pregunta podía esperar hasta el día 25.
Nos conocimos por fin una tarde de diciembre de 1984. Recuerdo muy bien la primera mirada que ese día me dirigió Jérôme Lindon, sentí una mirada increíblemente directa, una mirada infalible al primer contacto visual, una mirada evaluadora, una mirada que juzgaba y sentenciaba. Llevaba menos de cinco segundos ante él, se terminaba de levantar de su butaca para recibirme en su oficina del tercer piso de la Rue Bernard-Palissy, y se preguntaba ya, con ese sentimiento de urgencia, curiosidad, vivacidad, gracias a quién se había convertido en el gran editor que era y si yo era o no tan grande como él. Pero en su actitud no traslució un detalle, se mantuvo impasible y me invitó a sentarme sin dejar ver expresión alguna de decepción al constatar que, efectivamente, yo era ligeramente más grande que él. Quizá una leve contrariedad contenida, un fugitivo sabor amargo que su carisma anuló con prontitud (bah, los escritores jóvenes ya no tienen respeto por sus mayores, han perdido la elemental cortesía de ser un poco menos grandes que sus editores).
No me quedan muchos otros recuerdos de nuestra primera conversación, pero aún veo su oficina, las estanterías de libros en la pared, blancos y azules con el logotipo de la estrella de Éditions de Minuit, o las coloridas sobrecubiertas de los innumerables ejemplares de autores de la casa que se habían traducido. Ese día comenzaron para mí muchas cosas nuevas que se convertirían en inmutables rituales: los almuerzos a las doce y media, sus prisas por las escaleras para recibir a los visitantes y estrechar sus manos, sus ligeros sofocos tras esos compromisos, el lento paseo hasta el restaurante Le Sybarite, el intercambio de novedades y las pequeñas bromas en la calle, su manera de esquivar y retomar las conversaciones tras un instante de silencio. Recuerdo también algo que me impresionó desde el primer momento: su capacidad para aliviar las tensiones, con una mezcla de respetable y autoritario aplomo en la mirada y un dulzor en los gestos, en la manera de deslizar las manos y en la untuosidad en la voz que calmaba a sus interlocutores anticipando no obstante sus eventuales zarpazos, a la manera de esos aguerridos domadores que se plantan ante esas grandes pero particularmente vulnerables bestias (ya lo empezaba a presentir) que debían ser los escritores.
Al salir de esa primera cita, en esa última hora de la tarde de diciembre de 1984, me abandonaron las fuerzas poco a poco. Había demasiadas cosas que tomaban realidad física, demasiadas emociones, y me senté en la acera, en la Rue de Rennes, era de noche, los adornos de Navidad colgaban en los escaparates de las tiendas, estaba sentado al borde de la calzada, la frente húmeda de sudor, los faros de los coches me alumbraban la cara, mi mirada se emborronaba y me sentía desvanecer poco a poco, seguía con los ojos las luces traseras de los coches que se alejaban por el Boulevard Saint-Germain, miraba el cielo, miraba la ciudad, me había subido el cuello del abrigo y ya no me movía, estaba sentado en la calle en París a las seis de la tarde, tenía veintisiete años, pronto cumpliría veintinueve, acababa de dejar a Jérôme Lindon en su oficina y La Salle de bain iba a publicarse en Éditions de Minuit.
Posted at 19:14 by Miguel_Marques
5.6.06
Buenas noches,
vaso de leche,
loción de carne,
palacio que me falta,
tíquet a mis entrañas
Posted at 12:05 by Miguel_Marques
4.6.06
La noche del dos de marzo
Anoche quemé tres veces su falda y ella a cambio me arrinconó en todas las esquinas de todos los bares del único país de aquel día, Madrid
Entre la columna y la barra corría un mundo empedrado de niños, lunas, mutantes, el hielo llegó picado, el tabaco picante, los humos invisibles, los poemas empapados de vino necio luminario
Yo tocaba sus palabras con las puntas de la boca y su cinturón decidió desanudarse por su cuenta,
porque anoche todas las cosas nos hacían caso.
Posted at 18:53 by Miguel_Marques
MENOS MAL QUE BERENICE regala por la boca ginebra con tónica, y con ellas avisa y dulcifica los espacios que la rodean. La miro levantarse descaradamente, ella se levanta descaradamente para que la mire. Así, asesinándome a cada centímetro, losa a losa de las que median entre nuestra mesa y la barra, metiéndome en uno de esos bolsillitos que se le pegan al cuerpo, en la cremallera de su pecho me lleva con ella al otro lado del mundo. Como suele viajar allá (y lo conoce), con gesto resuelto toma los hielos como si fueran suyos (los tiene contados, los ama) y los coloca delicadamente en un vaso de tubo de cristal fino, que habrá lavado previamente a mano. Cada cubo helado, horrorosamente helado, hace un ruido de crímenes perfectos y sadismo virtual. Deja un eco de calor y agua muy fría. Toca el cristal del vaso aquí y allá: un sexo envolvente, transparente y lacónico. Luego Berenice se vuelve, me pega un melenazo en la boca, me guiña los dos ojos por el espejo y se dispone a decidir qué botella tomar. Adora jugar y por eso se hace la indecisa, pero, como casi siempre, termina eligiendo una de ellas, roja y blanca, llena de un líquido tan liviano como ella, más seco que azul, menos dulce que Berenice. El cuello rojiblanco se acerca al sexo y ahora es la muñeca de Berenice la que manda, como tantas otras veces (yo me asomo tímidamente por debajo de su codo). Cuatro, cinco y seis, esta noche serán seis, me canta flojito para que sólo yo la oiga. Seis golpes de muñeca después, decía, el hielo cede, muere de placer. Cruje con rabia, entregando el testigo, quitándose de en medio (todos queremos ser ahora ginebra). Berenice se da la vuelta y me mira sonriendo. Berenice ahora hunde un brazo infinito y terso, sin dejar de mirarme, sin dejar de sonreír, en alguna cámara frigorífica. Más blanco, más brillo, más transparencia, más delicadeza hecha cristal y líquido. No reacciono (sigo perplejo sin saber en cuál mundo estoy, aferrándome a su codo), ella abre el botellín y lo chispeante, las avispas, la boca de Berenice me habla, una idea, una hostia, una elipsis por burbuja. Así, sin más, la tónica termina por destrozarlo todo. Se cuela sigilosamente entre los resquicios moribundos de los hielos, aplacando los alcoholes. Salgo de detrás de Berenice para acodarme en la barra y observar lo que ella: juega, otra vez más, el conocido juego y tan viejo de golpear el vaso con el botellín vacío ("así suben los hielos y baja la espuma"). El mar del Norte o la Antártida hechos combinado, o todo lo contrario de todo aquello que veo en Berenice si ella me sonríe con ojos flacos. Devuelvo la mirada a la mesa antigua, y Berenice, antes de que me percate, corta una rodaja de limón que frota contra el borde del vaso. Luego la tira a la basura, corta otra y la introduce con atención en el cóctel, haciendo hueco entre el líquido y el hielo. Un aroma de quina, café y tabaco sube en espirales desde ese vaso mágico, de luz lechosa. "He fumado mucho esta noche, Berenice. ¿Querrás lavarme la nicotina del cuerpo luego, con un limón de ésos? También, si quieres, daré sabor al tuyo cuando todo esté limpio." Berenice me mira lentamente, se apoya en la barra, a mi lado, y me contesta sonriendo "Sólo si prometes escribirme por qué te pone tan caliente ver cómo me sirvo un gintónic, un gintónic perfecto".
Posted at 18:53 by Miguel_Marques
TENGO DOS O TRES REGALOS para ti, escondidos por entre las esquinas de esta ciudad. Cosas pequeñas y absurdas, inasibles como días de mayo, inasibles y escurridizas. ¿Qué cosas son?, me preguntas chispeante, yo quiero esto, eso y aquello. Calla, te digo con un dedo entre tus labios, te alquilo la lengua y me la quedo para que me mires, y me hables sólo desde lo negro del blanco de tus ojos delgados (y pretender también, durante un poco, tu asertividad, tu dulzura). Yo te regalo una mesa coja que me pide tu teléfono (quiere seducirte como si fuera yo). También dos rieles paralelos y viejos que se cruzan y nos descruzan; mientras sonrías, ilusionada, te entregaré las correspondientes traviesas y clavos, y con ellos un horizonte cimbreante. Diez segundos más, mi barba más espesa por tus caricias que son duras y especiales, y aún otro regalo: una lubina fresca, cien botellas de vino, una cabeza de toro primorosamente envuelta. Tomo mi cámara mientras te afanas rasgando papel, tragando fino, arrancando las vísceras al pez que aún vivirá, ¡comamos, comamos!, gritas, te ensordeces, llueve Antares, cumples doce. La Reflex, con lunares en el objetivo, no sabe más que desenfocar tu pecho. Y tú, sólo sales tú, ninguna de esas pequeñas y absurdas cosas planeadas y regaladas que te rodean ahora, sexuales, maduras, quizá tristes; ninguna está en la foto. Tu pecho desenfocado y tú, que me hablas con firmeza caprichosa: ¿qué te doy? ¿qué te doy? Dame uno solo de esos besos-ombligo, exclusivos y múltiples, de longitud cartesiana y constante: equidistan cabalmente del centro de la tierra y de tu culo. Sentémonos, ven, juntos, en este altar que reza, que te reza, mientras acabas, mi amor, de abrir los regalos que te he traído.
Posted at 18:51 by Miguel_Marques
19.12.05
¡Pero tú has vivido en medio mundo!
- La ciudad me había atrapado en un fango de novedades y decepciones. Todo me parecía desmesuradamente grande y esnob, las personas por la calle hablaban de las reformas que estaban haciendo en sus casas y vestían de manera elegante; los comercios y los edificios señoreaban con insolencia. La ciudad en ese tiempo era una comunidad que orillaba la madurez jugueteando aún con la incongruencia y la falta de gracia del nuevo rico. Cuando podía, evitaba el metro y caminaba solo por las calles, contando los cruces y escudriñando las baldosas, contagiándome aposta de su enfermedad. A los que se cruzaban conmigo los seguía fijamente con la mirada para intentar descubrir algo con sentido en sus ademanes, en sus caras, en el gesto de sus bocas. Dadas las circunstancias, necesitaba con anhelo saciar una curiosidad estúpida por la vida de otras personas, curiosidad que la gente de a pie obvia e incluso rehúye... Pero bueno, no es la primera vez que vivo en una gran ciudad. Ya viví en Londres un tiempo, esa fue la primera vez también que viví fuera de España.
- Ajá. Debe ser una ciudad guapísima. Yo tengo un primo que estuvo allí trabajando. El tío es increíble, habla perfectamente cuatro idiomas.
- Joder. Pues sí, Londres, es fascinante. Yo estuve un año y, sí, de Erasmus, claro que en esa época ser Erasmus era algo como más heroico, ahora el que no se va de Erasmus es porque es un seta. No había Ryan Air, ni Skype… ¡El Madrid todavía no había ganado la séptima! Total, que estudié, pero sí, también trabajé, claro, como tu primo, porque Londres es carísimo…
- ...sí, uf, debe ser carísimo. Mi primo dice que ha tenido que dejar de fumar porque un paquete de tabaco cuesta diez euros.
- …sí sí, así que, claro… bueno, son como seis en realidad… así que estuve trabajando en Burger King unos meses y también daba clases particulares. A una señora ya mayor, inglesa, iba a su casa en bicicleta por las noches, a cinco bajo cero, pero eran una pareja interesantísima, unos vividores, porque… bueno.
- Ajá.
- Sí.
- ¿Y luego estuviste en Chicago o por ahí no?
- Bueno, en Estados Unidos, sí, en Iowa.
- ¿Dónde está eso?
- En el centro. Centro norte.
- Ah. ¿Y qué tal?
- Bien, bueno, es un estado muy llano, no hay nada. Está en lo que llaman el Bible Belt. Maíz y cochiqueras… Y bueno, tornados y tal. Yo vivía en un pueblo de diez mil habitantes. Había tres bares y treinta y cuatro iglesias.
- Joder. ¿Y allí estabas estudiando?
- No, dando clase de español. En una universidad, Central College.
- Ahh. ¡Vaya!
- Y nada, luego estuve un año y medio en República Dominicana.
- ¡Pero tú has vivido en todo el mundo! ¡Qué envidia!
- Bueno…
Posted at 20:03 by Miguel_Marques
24.11.05
El '''simplismo''' es una corriente filosófica nacida en España a finales del s. XX. El simplismo cuenta principalmente con una escuela de pensamiento, la ''Escuela de Almería'', que nació como un fenómeno de tipo psicológico y filosófico muy enraizado en el humor, la ironía y, claro está, el simplismo propiamente dicho.
El Simplismo defiende el pensamiento de que todas las personas poseen una esencia simple debajo de toda la edificación de complejidad que las envuelve, teoría que muchos filósofos contemporáneos no han tardado en criticar por su analogía con las tesis neocartesianas y freudianas.
A diferencia de otros movimientos anteriores y coetáneos, el Simplismo es, como su denominación indica, bastante simple. Por ello son escasas y difíciles de encontrar todas sus manifestaciones escritas o artísticas, y es en el marco del comportamiento de las personas e interacción entre ellas en la vida social donde más fácilmente se pueden percibir.
No obstante, esa es la cara más compleja del Simplismo. Existen unos pilares o axiomas que permiten entenderlo en su esencia y ayudan a comprenderlo en sus manifestaciones más complejas, y de los que se hará mención en el siguiente párrafo. No obstante, es necesario saber que las manifestaciones simplistas más complejas que se pueden encontrar en el marco social son realmente simples por lo que en última instancia son simples, ya que de ser complejas el Simplismo tendría aspectos complejos y dejaría de sostenerse en lo simple, por lo que no tendria sentido su existencia.
El axioma principal del Simplismo es el siguiente: "Todo es simple". A partir de ahí, el simplismo propugna la importancia tanto conceptual y psicológica como humorística de los conceptos y entes esencialmente "simples". La más básica manifestación simplista se encuentra pues en las palabras, por ejemplo: "bola", "animal", "satánico", "tráiler", "infernal", "motosierra", "brutal", "piedra", "misil", "tanque", "losco" o formas compuestas como "tanque a reacción", "comida sangrienta" o "pedrolo animal".
También es conocido el empleo de algunos términos anglosajones que demuestran el vanguardismo e interculturalidad del fenómeno. Algunos de estos términos son, por ejemplo: "booster", "destroyer", "subwoofer" o el sufijo "tronic". Hallamos asimismo cultismos simplistas, esto es, formas compuestas que demuestran el dinamismo simplista, tales como: "turbo-booster", "mega-tronic" o "multi-destroyer". La heterogeneidad idiomática en la forma compuesta "destroyer total" o los famosos estilos musicales "Brutal Death Americano (B.D.A.)" y "Gregorian Satanic Metal" son exponentes indiscutibles de la interdisciplinariedad y permeabilidad del simplismo.
Estos conceptos -y sus implicaciones y derivaciones humorísticas- evocan no tanto la violencia que parecen reflejar sino una simpleza conceptual y básica que según los simplistas está detrás de la mayoría de las construcciones intelectuales del ser humano, incluidos el arte, la filosofía o la ciencia.
Así pues, la esencialidad de lo simple enraíza directamente con los principios más básicos del arte y el humor. Pero aparte de su importancia como "ladrillos básicos" del pensamiento humano, los pensamientos simples o "simplismos" poseen un efecto evocador y catártico muy beneficioso, según los simplistas, para cuerpo y alma. Suele provocar un descojone desinhibido y absolutamente incontrolable, que aparte de que mola mogollón, libera cuerpo y mente, a los que somete a una renovadora catarsis.
En definitiva, la aplicación del simplismo en la vida diaria no solo hace ver el mundo de diferente forma, de una manera más directa, clara y fundamental, sino que también beneficia al ser humano y contribuye a su plenitud moral y espiritual. Entronca así con las corrientes filosóficas orientales como el islamismo o el budismo, que pretenden no sólo aportar al ser humano conocimiento, sino también bienestar.
Los mayores exponentes de la escuela simplista de pensamiento de Almería son Ignacio Sola (ingeniero, Alicante, 1978) y Miguel Marqués (traductor, Sevilla, 1978). Acólitos y representantes de la fusión del simplismo con el surrealismo son Marco Antonio García, (periodista y escritor, Almería, 1976) y su hermano Miguel (Almería, 1980). Francisco Díaz Pardo (ingeniero y político en ciernes, Orihuela, 1976) hace una interesante revisión de simplismo, política, y economía de actualidad. Por su parte, Carlos Marqués (Almería, 1983) y Pablo García (Almería, año 19XX), representan las jóvenes generaciones del simplismo más puntero y vanguardista.
Posted at 23:36 by Miguel_Marques
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